El desmoronamiento, seguido por sólo 40 privilegiados, duró siete segundos.
EL CALAFATE.- "Cascadas de hielo y agua empezaron a fluir despacito desde
las paredes, el techo quedó debilitado, se venció y cayó.
Fue una explosión de esquirlas", sintetiza a LA NACION el fotógrafo
Andrés Bonetti, una de las 40 personas que pudieron ver el estallido estético
que ayer nació en las entrañas del glaciar Perito Moreno. Eran las
11.18 y la vigilia se consumó en siete segundos.
Minutos después, el glaciar ya se encontraba en reposo. El alboroto
había quedado en las poquísimas personas que habían llegado
a las pasarelas y se extendió hasta el atardecer. Lo que conmueve es
la relación entre el hielo y los testigos, tal vez porque el hielo contiene
esa propiedad de las cosas que hace amarlas y generan deleite espiritual: la
belleza.
Hasta el martes era difícil precisar cuándo ocurriría
el derrumbe total. Según se pudo reconstruir, el proceso se aceleró
durante la noche.
"Entre las 3 y media de la mañana y las 4 escuchamos un sordo estruendo
que hizo temblar la camioneta", relata Bonetti, que junto a su mujer, Jessica
Cornejo, mantuvo la vigilia del glaciar en el estacionamiento principal. "Creía
que había caído a la madrugada. Pero a las 7 de la mañana,
cuando pude bajar, lo vimos descascarado pero aún resistiendo",
cuenta desde el balcón Sur, en el camino de la costa, un lugar restringido
desde donde los guardaparques monitorean el perfil del glaciar.
Desde allí, Mariano Spisso, guardaparque desde hace cuatro años
en los glaciares, filmó con una cámara digital la imagen que a
la siesta dio vuelta al mundo. "Fue algo impresionante, después
nos sentimos todos muy contentos sentí que me golpeó acá",
cuenta en la pasarela mientras se toca el pecho con una mano. Habían
pasado cinco minutos de la caída del puente y aún tenía
los ojos brillantes. Durante los dos rompimientos anteriores -2004 y 2006- estaba
en el Parque, pero no alcanzó a verlo. Eso explica la felicidad.
En ese balcón natural junto a Spisso se encontraban también los
guardaparques Sergio Deheza, Walter Jorge y Roberto Ezequiel. Ellos dieron el
aviso y son los dueños de los gritos de júbilo que se escuchan
detrás de cámara. Uno de ellos encendió el handy para que
el resto del parque pudiera escuchar la explosión, que duró segundos.
Mientras el puente se desplomaba, en el estacionamiento superior, desde donde
sólo se ve la cresta superior del glaciar, reinaba el desconcierto. ¿Estalló?,
¿se rompió?, por segundos nadie podía afirmar si efectivamente
había caído el puente.
"Por minutos lo perdimos, pero creo que podemos ver todavía un
poquitito", dice Lourdes entre desilusionada y feliz. Es que así
de confusos eran los sentimientos entre los privilegiados que pudieron verlo
y la gran mayoría que llegó tarde por minutos.
Día histórico
Entre este grupo se encontraban Gustavo y Valeria con sus hijos de Open Door,
Buenos Aires. "Era histórico y por eso nos tomamos un avión,
no llegamos a ver el momento justo, pero vimos todo lo demás", cuenta
feliz cerca de uno de los dos únicos teléfonos públicos
satelitales desde donde llamó a su familia. Vino sólo por dos
días, pero agrega "el viaje vale la pena aunque sea para verlo sólo
media hora".
Otro que no lo vio pero no por eso dejó de sentirse feliz fue el intendente
del Parque Nacional Los Glaciares, Carlos Corvalán, que llegó
media hora después. "Pero el espectáculo sigue, es un día
patrio, azul, blanco y azul, cielo, glaciar y agua", sintetizó.
Esta vez, la vigilia del glaciar fue de cinco días: el proceso de ruptura
se había iniciado el viernes por la mañana, cuando la presión
del agua acumulada en el lago Brazo Rico empezó a erosionar el hielo
y formó la cueva. Ayer, con la caída del puente, concluyó.
Las pasarelas ayer eran testigos de los zapateos, tanto de los que llegaron
a tiempo como de quienes se lo perdieron por segundos. Pero estos últimos
tuvieron su consuelo: por primera vez en cinco días había amanecido
totalmente despejado y se podía ver hasta el nacimiento mismo del glaciar,
ubicado en las "nieves eternas", a 30 km en dirección a la
Cordillera.
Aquí, la belleza encuentra su síntesis. Ya sea por el retroceso
de los glaciares o por el espíritu caprichoso del Perito Moreno, nadie
puede asegurar que ocurra otra vez. Por eso se celebró con exageración:
sin medidas, sin rubores ni timideces.
Por Mariela Arias
Corresponsal en Santa Cruz
Fuente: La Nación.