Morten Emil Berg, que es profesor de la BI Norwegian School of Management, sostiene que el directivo que basaba su gestión en el control está dando paso al que la basa en el coaching.
De esta manera, las empresas (y sus directivos) ya no están ahí
para ganar dinero, sino también para que sus trabajadores se realicen.
El punto de partida, según Berg, es que cada trabajador se conozca a
él mismo y sepa qué camino seguir. Sin esto, será imposible
conseguir que cada cual se responsabilice y se autogestione. El nuevo directivo
tiene que tener la visión y hacer lo posible para que esto sea así.
La teoría de Berg se fundamente en ideas inspiradas en pensadores como
Sócrates o Aristóteles.
Según el profesor de la BI Norwegian School of Management, Morten Emil
Berg, el "nuevo" directivo se distingue por actuar como un coach (entrenador).
Este profesor mantiene que la idea del directivo que incluye el coaching en
su política de gestión no es que sea mágica, pero sí
sistematiza el sentido común. El nuevo directivo apoya y reta a sus colegas
para que sean capaces de gestionarse por sí mismos.
El nuevo directivo (al que llama "coaching manager") debe encontrar
su propio camino y confiar en él mismo, aunque también debe estar
abierto a paradojas, objeciones y dilemas. Este es el concepto que quiere manejar
este profesor, que refleja, según él, ideas inspiradas en pensadores
como Sócrates, Aristóteles, Rousseau o Kierkegaard.
Según informa la BI Norwegian School of Management en un comunicado,
partiendo de ahí, ha desarrollado una serie de herramientas prácticas
para llegar a ser un "coaching manager".
En primer lugar recomienda que el directivo reúna al grupo de personas
que están bajo su responsabilidad en talleres de trabajo de dos días.
Los participantes trabajan en pequeños proyectos en grupos de 6 a 9 personas.
El objetivo, dice Berg, es crear redes y generar espíritu de equipo.
La mayor parte del tiempo de este "ejercicio" se usa para que los
participantes puedan jugar un papel basado en objetivos y oportunidades reales.
El directivo trabaja en grupo de tres durante el tiempo que sus subordinados
están jugando un papel concreto. Así, uno desempeñaría
el papel de "problema a resolver", el segundo es el "coach",
encargado de hacer preguntas y de sugerir una determinada acción. El
tercero en discordia en este ejercicio desempeñaría el papel de
"abogado del diablo". De esta manera, los participantes aprenden unos
de otros, resuelven problemas concretos y crean cultura de empresa.
Es necesario poner en común los resultados alcanzados por cada unidad
de negocio, así como las visiones de futuro y qué aspectos deberían
mejorarse. Además, los participantes deben ser animados a encontrar su
propio camino, en definitiva a ser ellos mismo. Deben tener el control de sus
propias vidas.
Confianza
El "coaching manager" emana la creencia y la confianza en la habilidad
de conseguir cualquier objetivo si la gente se ayuda entre sí. Esto genera
optimismo y entusiasmo, dice Berg.
En este sentido, es importante trabajar en habilidades concretas y, lo que
es más importante todavía, en el núcleo de valores que
gobiernan las acciones de cada individuo. Los valores centrales incluirían:
altruismo egoísta, creer en el futuro, autodisciplina e inteligencia
emocional. Los individuos son animados a estar al tanto de sus valores y a ver
cómo éstos afectan a su modo de pensar y actuar.
Según Berg, no basta con tener grandes ambiciones para crear valor en
la organización. Los empleados deben sentir su lugar de trabajo como
un lugar donde se pueden desarrollar y aprender a vivir una vida plena.
Además, tienen que experimentar el éxito y la recompensa en el
propio trabajo. La recompensa puede ser una buena experiencia de equipo o tener
tiempo suficiente para su desarrollo.
Los directivos no deben tratar de controlar lo incontrolable, sostiene Berg.
En última instancia, es cada individuo quien decide y piensa cómo
actuar. Y ese es el camino: los empleados tienen que ser dirigidos para gestionarse
solos. Digamos que deben tener competencias sobre su propia gestión.
La autoestima juega un papel importante. Los trabajadores muchas veces arruinan
sus posibilidades con pensamientos y comentarios negativos sobre ellos mismos.
A este respecto, para que alguien se gestione bien tiene que hacerse, en un
momento dado, la siguiente pregunta: "¿Me estoy diciendo la verdad
o sólo me convenzo de que esa es la verdad?".
El "coaching manager" juega aquí un papel clave, ya que los
trabajadores necesitan ser ayudados por personas que les animen en las cuestiones
centrales. El objetivo es ser competente en lo que Berg llama "liderazgo
cognitivo" o, en otras palabras, dirigir pensamientos. El nuevo directivo
proporciona al empleado experiencias positivas para que éste pueda creer
en sus habilidades.
Uno más
Pero el directivo tiene que ser, de alguna manera, uno más. Debe participar
en el papel que está desempeñando como uno más. "Olvida"
su posición y habla abiertamente de sus debilidades. En cualquier caso,
es importante que se muestre confiado respecto al valor del riesgo. No teme
las respuestas, incluso si estas no son positivas.
Finalmente, Berg sostiene que el liderazgo trata de equilibrar recursos limitados
e intereses diferentes con decisiones acertadas. Esto quiere decir que, cuando
se divide un pastel, todo el mundo debe sentir que le ha tocado el trozo más
grande. Una de las cosas que distingue un buen directivo de uno malo es su forma
de relacionar incompatibilidades, dilemas y paradojas.
Un ejemplo: a veces hay que tomar decisiones impopulares y al mismo tiempo
mantener buenas relaciones con los empleados. "El liderazgo es situacional.
Los directivos deben comprender cuando el coaching funciona y cuando no",
dice Berg.
Por Raúl Morales de Tendencias Científicas.