Permite "compartir" software gratis.
Taringa! no es el nombre de una mascota; tampoco el de una calle cortada en un
barrio porteño. Podría ser el de una cadena de supermercados, aunque,
para ello, debería ofrecer sus productos en forma gratuita.
En verdad, se trata de un sitio argentino de Internet que terminó convirtiéndose
en el gran acontecimiento de la Web local.
El fenómeno "taringuero" gana cada vez más adeptos,
a pesar de que la legalidad de los contenidos que se comparten en esa comunidad
podría definirse, al menos, como vidriosa, según las leyes vigentes
sobre propiedad intelectual.
La comunidad o sitio Taringa! ya tiene 750.000 usuarios permanentes y fue creada
por tres jóvenes argentinos que, en dos años, llegaron a ser considerados
superhéroes o supervillanos, según el cristal con el que se los
mire. Algunos podrían ubicar a Taringa! entre la lista de los inventos
argentinos, aunque resulta bastante más controvertido que la birome o
el colectivo, por ejemplo.
"Es un lugar de intercambio de contenidos. La gente sube lo que quiere
compartir con otros y listo. No hay más secretos", sostiene Matías
Botbol, de 29 años, uno de los creadores e impulsores de Taringa!
En su interpretación "no hay delito", porque se trata de un
intercambio entre particulares, sin dinero de por medio, y con la plataforma
de Taringa! Los usuarios utilizan otras herramientas exteriores, como Rapidshare,
para poder "postear", y los contenidos provienen, en buena parte,
de millones de blogs particulares.
El procedimiento, en su forma más ingenua, podría explicarse
así: los dueños de un producto transferible por la Web deciden
compartirlo y lo suben al sitio. El costado menos claro tiene que ver con la
falta de autorización de los creadores de ese producto para que pase
de mano en mano. "Cuando uno sube algo se publica directamente, pero no
permitimos contenidos con mensajes violentos, racistas o pornográficos.
Además, existe un grupo de taringueros moderadores elegidos por nosotros
que analizan cada contenido", comentó Botbol.
La tentación para millones de internautas resulta muy grande. Películas,
software (apenas editados), discos, libros, juegos, capítulos de series
de televisión extranjeras y muchos etcéteras, todo gratis, a un
clic de distancia. La portada del sitio parece un reflejo de lo que ocurre adentro:
simple, efectiva y sin ningún adorno que distraiga al usuario de lo que
fue a buscar, salvo por la sugestiva esquela: "Inteligencia colectiva".
"Nunca recibimos ninguna denuncia judicial, a pesar del gran tráfico
que tenemos; en general, cuando aparece alguna queja de alguien que se siente
afectado, le explicamos cómo hacer para eliminarlo, pero también
le aclaramos que tiene que ir mucho más allá de Taringa!",
explicó.
El sitio no tiene un émulo en otros países y, a diferencia de
Facebook o MySpace, por ejemplo, los contenidos se ofrecen a miles de interesados
y no sólo a un grupo de amigos: es como una gran góndola de supermercado
o un mercado de pulgas gigante. El problema de la propiedad intelectual en Internet,
según Botbol, no comienza ni termina con Taringa! y aún resulta
un tema muy "nebuloso". Sus detractores sostienen todo lo contrario
y le auguran a Taringa! un futuro negro.
A todo esto, el fenómeno ya empezó a trascender la Red. Los diferentes
grupos realizan reuniones de "taringueros" en varios puntos del país
convocados por la afición a distintos deportes, tendencias culturales
o hobbies. Como Google tiene a sus "googlers", Taringa tiene a los
"taringueros", un segmento de internautas con color local.
Fenómeno espontáneo
"Eso es totalmente espontáneo y nosotros tratamos de no participar
para no interferir", dijo Botbol.
La historia de la creación de Taringa! es como toda leyenda urbana:
un poco verdad, un poco mentira. Botbol, su hermano Hernán (26) y Alberto
Nakayama (27) querían trabajar poco y, en lo posible, en forma "remota",
es decir, sin oficina y sin horarios.
En 2004, se hicieron cargo de Taringa!, un sitio creado, en verdad, por Fernando,
un chico que desapareció del proyecto y del cual sólo se conoce
su nombre de pila. Hasta ahí llega el relato. No se sabe si los socios
actuales compraron, o no, el sitio original -mantienen el secreto-. Sí
se sabe, en cambio, que desde que lo tomaron el tráfico explotó
y que hoy es la comunidad virtual creada en el país con mayor cantidad
de usuarios.
Fuente: LaNacion.com