Un pedazo de jabón, un cepillo de dientes, una que otra pieza de ropa interior eran en la selva el tesoro de la franco colombiana Ingrid Betancourt en sus seis años de cautiverio, que describió como un viaje a la prehistoria del que fue rescatada el miércoles.
Betancourt, demacrada, pálida pero lúcida y sonriente, vestía
un pantalón vaquero negro, el primero que estrenaba, según dijo,
con ocasión de la tramoya que montaron las Fuerzas Armadas y con la que
lograron el rescate de 15 secuestrados, incluidos la política y tres estadounidenses,
en la jungla del sur del país.
"Hace mucho no veo la luz eléctrica, hace mucho no tengo agua corriente,
hace mucho no sé lo que es el agua caliente," dijo la ex candidata
a la presidencia, secuestrada en el 2002, en sus primeras declaraciones a la
prensa luego de su rescate.
En el operativo no hubo un solo disparo, relató Betancourt, la rehén
más preciada con que contaban las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia (FARC) para intercambiar por guerrilleros encarcelados, desde hace
más de seis años.
"Me siento como si volviera de un viaje al pasado, como si regresara de
la prehistoria," dijo Betancourt, la primera que bajó de un avión
de la Fuerza Aérea que la transportó hasta la pista de una base
militar en Bogotá.
Betancourt, quien dijo que desde hace un año recibía víveres
de manera intermitente y consideró al suicidio como una sensación
diaria, apretaba en sus manos un rosario de cuentas con el que todos los días
rezaba a Dios y a la Virgen, a quienes también agradeció el regreso
a la libertad.
"El suicidio es una sensación diaria, que posponemos diariamente,"
dijo Betancourt al canal de noticias CNN. "Estuve muy enferma, creo que
estuve al borde de la muerte," agregó.
La política también logró sobrevivir con un escaso consumo
de comida, que no incluía frutas ni verduras, y que la llevaron a un
estado grave de salud, el cual fue conocido con fotos que dieron la vuelta al
mundo con un semblante enjuto y una larga cabellera.
"Hemos comido escasamente, con muy poca variación en la comida,"
manifestó Betancourt, al resaltar el golpe fulminante a la logística
de los insurgentes y sus cautivos, asestado por la arremetida de casi seis años
del Gobierno de Alvaro Uribe contra la guerrilla de las FARC.
También agradeció a las distintas emisoras de radio privadas
que abrieron espacios para enviar saludos a los secuestrados, y que acompañaron
el rigor del cautiverio, en el momento más cruel de todos, según
Betancourt, la colocación de cadenas cuando comenzaba cada noche.
"Esto es volver a la civilización y aquí estoy," dijo
acompañada de su madre, Yolanda Pulecio y haciendo un esfuerzo para no
romper en llanto.
Fuente: Reuters