Hace 25 años salía al mercado el primer modelo de teléfono móvil. Costaba 3.500 dólares, pesaba un kilo y fue un fracaso de ventas. Hoy, el aparato está incorporado a todos los aspectos de la vida cotidiana y está en los hogares de todos los estratos sociales alrededor de todo el mundo.
La historia de un invento que transformó las comunicaciones humanas y el
debate sobre su impacto en la salud, en la educación, en la familia y en
las relaciones sociales.
Su nombre técnico era DynaTAC. Pero la imaginación popular lo
bautizó "el ladrillo" y así pasó a la historia.
Pesaba casi un kilo, medía 48 centímetros de largo, costaba U$
3.500 y su batería sólo permitía una media hora de autonomía.
El prototipo del DynaTAC fue un fracaso en las ventas, pero sirvió para
cumplir una operación hasta entonces imposible: la comunicación
entre dos dispositivos electrónicos inalámbricos a través
de una red de telefonía móvil.
Con toda su rusticidad y su incomodidad, ese dispositivo que salió al
mercado por primera vez el 13 de junio de 1983 logró revolucionar no
sólo el mundo de las comunicaciones sino también la vida cotidiana
de millones de personas de todos los estratos sociales hasta en el último
rincón del planeta.
A 25 años de la aparición en la calle de su primera versión,
el teléfono celular está incorporado hasta lo inimaginable en
cualquier aspecto de la vida diaria. Hoy, no sólo permiten aquel "milagro
original" de comunicar a dos personas donde quiera que estén. También
permiten sacar fotos, consultar una agenda, navegar por internet, mandar y recibir
mails y orientarse a través de dispositivos satelitales. Y hasta marcar
status social.
Aunque nunca alcanzan para describir fenómenos de impacto tan profundo,
las cifras sobre la expansión del celular en el mundo a poco de cumplirse
un cuarto de siglo de su nacimiento son elocuentes. Según estadísticas
del instituto londinense Wireless Intelligence, actualmente hay 3.300 millones
de celulares funcionando. O, lo que resulta aún más impactante:
el 80 por ciento de la población mundial ya tiene acceso a la red de
móviles.
Es que, quizás, la mayor revolución que ha desencadenado desde
1983 hasta hoy el teléfono celular es justamente su posibilidad de bajar
costos para llegar a masificarse hasta lo impensado. Desde aquellos primeros
modelos de 3.500 dólares reservados para los bolsillos más pudientes
se pasó en 25 años a modelos económicos que permiten llegar
a las manos de cualquiera. Y las estadísticas también hablan de
esto: de acuerdo a Wireless Intelligence, el 68% de los nuevos contratos de
este servicio se firman en países en vías de desarrollo.
UNA TRANSFORMACION PROFUNDA
En la escuela, en el hogar, en el trabajo. En la política, entre los
jóvenes, en los negocios, entre la tercera edad y en la universidad.
En el campo y en la ciudad. La expansión del teléfono celular
y su invasión lenta pero progresiva de todos los ámbitos ha sido
tan agresiva en estos 25 años que hoy resulta difícil pensar en
realizar alguna actividad de la vida cotidiana donde el móvil esté
completamente ausente.
El teléfono celular ha logrado insertarse en ese lugar protagónico
que había soñado Martin Cooper, el ingeniero de la empresa Motorola
que diseñó el primer dispositivo de comunicación móvil.
Así se ve en miles de historias ligadas al aparatito entre la generación
de jóvenes que nació junto a los primeros celulares. Como la de
Fernando Rosenfeld, platense de 25 años que se reconoce, sin vueltas,
un "adicto" al móvil.
Fernando, que trabaja en el ámbito de la informática, tuvo su
primer teléfono celular a los 16 años y recuerda que fue un adelantado
entre sus amigos. "En ese momento no era como ahora que los todos los chicos
tenían uno. Eramos muy pocos. Mi viejo trabaja en el área de la
telefonía y me regaló el primero. Todavía tengo guardado
el equipo y cuando lo miro no lo puedo creer. En ese momento me parecía
tecnología de ultraavanzada. Hoy está para el museo", cuenta.
Lo que en aquel entonces era lujo y excentricidad, hoy resulta un bastón
sin el cual Fernando ni siquiera se imagina poder hacer algunas de las actividades
cotidianas. "Tengo dos celulares. Uno con servicio de radio para trabajar
y otro de línea común que lo tengo para cosas más sociales.
Ando con los dos encima y no me resulta incómodo", explica, mientras
baja la mirada y lanza su pulgar a toda velocidad sobre el teclado para escribir
un mensaje de texto.
LA ADICCION AL MOVIL
Fernando, que no se despega de sus dos teléfonos y que vive pendiente
de la carga y el crédito de ambos aparatos, es un producto acabado de
los que ha creado la generación celular. Es que en esa misma expansión
que lo hizo ser uno de los artículos más masivos del mundo, el
celular también ha disparado males ligados a su uso y abuso.
Cada vez más personas alrededor del mundo están volviéndose
adictas a los teléfonos móviles, una situación que dispara
estrés e irritabilidad. Lo dice un estudio realizado por la Universidad
de Straffordshire, Inglaterra, cuyos investigadores encontraron problemas de
conducta relacionados con el uso de celulares entre 106 usuarios.
Entre los principales males, los investigadores encontraron que los usuarios
mentían sobre cuánto usaban su aparato o estaban volviéndose
cada vez más irritables cuando dejaban de usarlo.
Es que mientras por un lado han dado a la gente posibilidad de elección,
movilidad y una forma de seguridad, por otro, los teléfonos celulares
han convertido a los usuarios en una suerte de rehenes permanentemente atentos
a sus pantallas. La utopía de un mundo conectado que soñaron los
ingenieros estadounidenses en 1983 ha tenido su precio: el de una vida con cada
vez menos refugios para estar desconectado.
Fuente: ElDia.com.ar