El estudio ha sido realizado por Marilyn Fogel, del Laboratorio Geofísico del Instituto Carnegie, y Conel Alexander, del Departamento de Magnetismo Terrestre de la misma institución, junto con Zita Martins del Imperial College de Londres, y dos colegas suyos.
Los aminoácidos son moléculas orgánicas que forman la base
de las proteínas a partir de las cuales se construyen muchas de las estructuras
y se producen muchas de las reacciones químicas dentro de las células
vivas. Se cree que la producción de las proteínas constituye uno
de los primeros pasos en el surgimiento de la vida. Los científicos han
determinado que los aminoácidos pudieron haberse formado en algunos ambientes
de la Tierra en sus inicios, pero la presencia de estos compuestos en ciertos
meteoritos ha llevado a muchos investigadores a mirar al espacio como una fuente
probable.
Los meteoritos empleados para el estudio fueron recolectados en la Antártida
en 1992 y 1995, y almacenados en la colección de meteoritos del Centro
Espacial Johnson de la NASA en Houston, Texas. La Antártida es la tierra
más rica del mundo para la caza de meteoritos, los cuales a menudo aparecen
concentrados de forma natural en las regiones denominadas de hielos azules,
quedando preservados a bajas temperaturas por el hielo.
Para el estudio de los aminoácidos, los investigadores tomaron pequeñas
muestras de tres meteoritos de un raro tipo, el de las condritas CR, que se
estima que contienen los materiales orgánicos más antiguos y primitivos
encontrados en los meteoritos. Las condritas CR datan de la época de
la formación del sistema solar.
El análisis reveló que mientras una muestra presentaba una abundancia
relativamente baja de aminoácidos, las de los otros dos meteoritos tenían
las concentraciones más altas vistas hasta el momento en los meteoritos
primitivos: 180 y 249 ppm (partes por millón). Otros meteoritos primitivos
que han sido estudiados, tienen, por regla general, concentraciones de aminoácidos
de 15 ppm o menos. Dado que las moléculas orgánicas de fuentes
extraterrestres tienen proporciones de isótopos de carbono diferentes
de las moléculas orgánicas provenientes de fuentes biológicas
de nuestro planeta, los investigadores fueron capaces de descartar la contaminación
biológica terrestre como un factor en los resultados del estudio.
Los aminoácidos de los meteoritos probablemente se formaron dentro de
objetos mayores, antes que resultasen fragmentados por el impacto contra otro
cuerpo. Luego, algunos de esos trozos pudieron haber caído sobre la Tierra
y otros planetas de tipo terrestre. Es probable que estos mismos precursores
hayan estado presentes en otros cuerpos primigenios, como los cometas, que también
han estado rociando la Tierra desde sus inicios con materiales extraterrestres.