Magnus es un noruego de 16 años que se convirtió hace tres en el maestro de ajedrez más joven de la historia. Le llaman "el Mozart del ajedrez", pero su música es silenciosa y en su orquesta sólo hay peones, alfiles y el resto de instrumentos que se repiten en cada concierto desde hace 500 años.
En los primeros compases del torneo de Morelia-Linares, Magnus Carlsen inoculó
un poco de su veneno al ruso Morozevich, octavo del mundo, y se convirtió
en el líder más joven que nunca ha tenido esta gran cita del calendario.
Desde Bobby Fischer, ningún jugador nacido en Occidente mostraba trazas
de convertirse en un gran campeón. Carlsen lleva literalmente media vida
jugando por el mundo. Parece mucho, pero sólo han sido ocho años.
Hace dos se enfrentó por vez primera a Garry Kasparov. Cualquier gran maestro
experimentado sentiría un cosquilleo especial, el peso de la responsabilidad,
la mirada intimidatoria del ogro de Bakú. El niño participaba en
Moscú en una competición de partidas rápidas (con unos pocos
minutos para completar cada una) y ya había eliminado al ex campeón
mundial Anatoly Karpov.
En su duelo con Kasparov, enseguida se vio que Magnus toreaba a la bestia,
pero ésta, a fuerza de oficio y coraje, arrancó unas tablas. Garry
ganó la segunda partida y Magnus, con sólo 14 años, demostró
que no es de los que se conforman. «He jugado como un niño»,
fue su irónico lamento.
Carlsen tiene una memoria fotográfica. Devora libros de ajedrez y en
el techo de su habitación, decorado con el dibujo de un tablero, piezas
invisibles bailan ante sus ojos cada vez que se acuesta. Hace ya tiempo que
defiende el primer tablero de Noruega en las competiciones internacionales.
Le arrebató el puesto a su mentor, Simen Agdestein, peculiar personaje
que durante años jugó unas simultáneas al alcance de muy
pocos: era titular en las selecciones de fútbol y de ajedrez de su país,
desmintiendo algunas teorías sobre la capacidad intelectual de los aficionados
a la pelota.
Superó a su maestro
Agdestein descubrió al muchacho y se ofreció a entrenarlo, con
tanta fortuna que el alumno pronto superó al maestro, quien con el libro
"Wonderboy" también se convirtió en su precipitado biógrafo.
La ayuda, comprensión y fe de la familia Magnus también fue providencial.
Convencidos de la capacidad del muchacho, vendieron un coche y alquilaron su
vivienda durante un año para pagar los gastos que suponía recorrer
mundo y torneos, todos juntos, como una "troupe" circense que, de
algún modo, cada semana se jugaba la vida sobre una pista cuadrada. El
chaval no necesitó más redes. Pronto llegaron los patrocinadores:
primero la empresa informática noruega Computas y luego la todopoderosa
Microsoft, que tiene en él a su microchip más valioso.
El 26 de abril de 2004, Magnus Carlsen se convirtió en el gran maestro
de menos edad de la historia, con 13 años, cuatro meses y 26 días.
También ha sido el jugador más precoz en disputar las eliminatorias
para el Campeonato del Mundo de la FIDE. En mayo y junio participará
con otros nueve jugadores en un torneo de Candidatos del que saldrán
cuatro clasificados para el próximo Mundial, que se celebrará
en México en septiembre.
Sólo una nube ensombrece su horizonte. «El mejor rasgo de mi carácter
-dijo una vez- es mi capacidad para concentrarme en los pocos asuntos que despiertan
mi interés». Bobby Fischer lo habría suscrito a su edad.
Esperemos que sólo siga su estela por el lado bueno.